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  • Uncino, una creación llamada a convertirse en icono de estilo
  • 20/05/2014

La segunda colaboración de los hermanos Ronan y Erwan Bouroullec con la firma de mobiliario italiana Mattiazzi –la primera fue su silla Osso– ha tenido un resultado espectacular, tanto por su limpio diseño, como por su manufactura. En su construcción han echado mano de la concepción digital, y eso se nota. Su silla Uncino, disponible en tres versiones, llama la atención por su delicada textura de madera que abraza, lentamente y con cierta reverencia, las varillas de metal que soportan toda la estructura.

Su particular lenguaje formal recuerda a las típicas sillas francesas de jardín que tanto éxito tuvieron en los años 60/70 y que convirtieron el mobiliario de exteriores en un nuevo formato a tener en cuenta dentro del interiorismo. En su revestimiento de madera se ha tenido especial cuidado en que el resultado recordase a la caricia que la mano ejecuta al resbalar por un tejido, material que desde siempre es uno de los favoritos de los Bouroullec, como ha quedado patente en sus colaboraciones con la empresa de textiles Kvadrat. En fase de preproducción, tras su presentación en última Feria de Milán del pasado mes, Uncino resulta fascinante y hace accesible un producto que de haberse elaborado de manera artesanal, como se hacían no hace tanto tiempo este tipo de trabajos, hubiera sido de adquisición más restringida. Un punto más en favor del trabajo de los bretones más internacionales.

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