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  • La comida ecológica, orgánica y de proximidad es el nuevo lujo ‘gastro’
  • 07/05/2014

El restaurante Grazin’ Diner, en la calle Warren de Hudson, pequeña localidad a dos horas de Nueva York en coche, es el hotspot gastronómico. Y no precisamente por su cuidado diseño y estudiada iluminación, sino por recuperar del vocabulario popular el concepto de producto orgánico y ecológico (además, está cultivado en proximidad). Su preocupación se centra más en los platos que ofrece que en la decoración del lugar. De hecho, las banquetas de este sitio son de vinilo color carmín y en su parte exterior luce un cartel de neón con gruesas letras mayúsculas, puro antiglamur.

En nuestro país, esa tendencia ha llegado hace escasamente unos meses. El lugar, escondido en la Sierra Oeste de Madrid, se llama La Finca de Jiménez Barbero. En esta explotación ganadera con restaurante, cuyo lema no podría ser más directo, “La carne de la felicidad”, se puede degustar un producto de máxima calidad, donde se han respetado aspectos tan importantes como la cría de vacuno, las instalaciones y la propia manufactura. Una labor que realizan con gran esmero y dedicación los tres hermanos que dirigen este negocio, David, Álvaro y Alberto Jiménez Barbero.

La búsqueda de la excelencia y el respeto por los animales convierten a esta explotación en uno de los primeros espacios en Europa donde los animales son incluso más importantes que los comensales que se acercan a este paraje natural. En su restaurante, La Estancia, decorado en madera rústica y ambiente natural por Nacho García de Vinuesa, la estrella es la carne de los animales que se crían en la finca, una auténtica delicatessen.

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